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Acuse de recibo

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«…puede decirse que, formalismos aparte, lo que seduce en la prosa de Esther Díaz Llanillo es su facilidad para crear anécdotas que, partiendo de un concepto minimalista –la rutina hogareña, la soledad de la mujer que envejece, los diarios aconteceres oficinescos–, se van vinculando con misteriosas sustancias que trasmutan el simple hecho cotidiano en materia alarmante.»Porque en sus cuentos suele haber una especie de peligro o amenaza que planea sobre los personajes pero se diluye en el acto mismo de esquivarla, como si la autora, más que redondear una anécdota, prefiriera crear un estado de ánimo… lo que no excluye el ya citado mazazo, cuando la narración lo pide».

Categorías:
Cuentos Literatura
6,99 €
Sin impuestos
En existencia

«…puede decirse que, formalismos aparte, lo que seduce en la prosa de Esther Díaz Llanillo es su facilidad para crear anécdotas que, partiendo de un concepto minimalista –la rutina hogareña, la soledad de la mujer que envejece, los diarios aconteceres oficinescos–, se van vinculando con misteriosas sustancias que trasmutan el simple hecho cotidiano en materia alarmante.»Porque en sus cuentos suele haber una especie de peligro o amenaza que planea sobre los personajes pero se diluye en el acto mismo de esquivarla, como si la autora, más que redondear una anécdota, prefiriera crear un estado de ánimo… lo que no excluye el ya citado mazazo, cuando la narración lo pide».

Ficha técnica

Formato
ePub
Idioma
Español
Cantidad de páginas
153

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«…puede decirse que, formalismos aparte, lo que seduce en la prosa de Esther Díaz Llanillo es su facilidad para crear anécdotas que, partiendo de un concepto minimalista –la rutina hogareña, la soledad de la mujer que envejece, los diarios aconteceres oficinescos–, se van vinculando con misteriosas sustancias que trasmutan el simple hecho cotidiano en materia alarmante.»Porque en sus cuentos suele haber una especie de peligro o amenaza que planea sobre los personajes pero se diluye en el acto mismo de esquivarla, como si la autora, más que redondear una anécdota, prefiriera crear un estado de ánimo… lo que no excluye el ya citado mazazo, cuando la narración lo pide».

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